El llamado al diálogo realizado por el Gobierno Nacional provoca más preguntas que certezas.
Oponerse per sé al diálogo implicaría una actitud de soberbia contraria a lo que venimos pregonando y a la necesidad de convivencia y normalidad que es una de las exigencias principales de la sociedad argentina. Pero aceptar el “diálogo” sin más puede implicar una nueva frustración y una baja aún mayor en la calidad de la política argentina.
Es necesario no rechazar el diálogo, tanto como actuar con prudencia y realizar las exigencias necesarias que marca la realidad que estamos viviendo y la falta de confianza del gobierno nacional.
En primer lugar debe establecerse entre quiénes será el diálogo, en segundo lugar sobre qué debe versar el diálogo y en tercer lugar dónde debe ser el ámbito para el diálogo, todo ello teniendo en cuenta el resultado de las elecciones, el nuevo mapa político que se ha configurado y las demandas de una sociedad que se manifestó a través del voto.
De la respuesta a estas cuestiones dependerá que el diálogo sea serio, racional y responsable, que nos coloque en la senda de la construcción de un proyecto nacional que nos dé nuevo impulso ante el bicentenario o que entremos en el juego de un gobierno en retirada, que quiere ganar tiempo y que en definitiva sólo desea recuperar aire para seguir manejándose de la misma forma arbitraria con que lo viene haciendo.
Lamentablemente los antecedentes no acompañan el llamado realizado, por ello es necesario establecer un marco adecuado.
No debemos olvidar que hay un nuevo mapa político y que quien hoy llama lo hace desde el llamado de atención que le realizó el electorado con un contundente voto no positivo a su gestión. También es verdad que esa misma sociedad no configuró a través de la expresión de su voluntad, una única fuerza mayoritaria o predominante, sino varias fuerzas políticas, algunas más importantes que otras por cierto, distribuyendo el poder de manera tal que es a través del consenso que deberá este país comenzar a tomar decisiones.
Y en este sentido la Unión Cívica Radical, y el frente panradical – socialista, tienen un rol ineludible que cumplir.
Nuestra fuerza política no debe asistir sin una postura clara sobre las preguntas que arriba nos hacíamos, sin el reconocimiento de ser la principal fuerza política del país. Si acaso de verdad queremos fortalecer el sistema de partidos de la argentina se debe empezar por respetar a los partidos políticos de la argentina. Y a decir verdad, por más que a muchos les cueste reconocerlo, y con el respeto que nos puedan merecer el resto de las fuerzas políticas, el panradicalismo y el socialismo, no son Pino Solanas, ni Sabatella ni siquiera el properonismo que ve reducida su representación a la Capital y la Provincia de Buenos Aires.
Si queremos respetar también el federalismo del que tanto se habla, debemos por comenzar respetando a las verdaderas fuerzas federales de la República.
Y esto no es soberbia ni mucho menos, es requerir el respeto necesario, pues el diálogo parte del respeto como condición necesaria para arribar a los acuerdos que aquel presupone.
En segundo lugar, se debe fijar de antemano la agenda de prioridades, pues la urgencia de la situación que vive nuestro país no admite agendas vacías o que se eternicen y mueran en el tiempo de tan extensas.
En tercer lugar el principal objetivo que debe tener es el de recuperar lo que más le falta a este gobierno, y que tanto está afectando a nuestro país, la credibilidad. Y para recuperar credibilidad es fundamental el lugar, el ámbito y los actores que participarán del diálogo.
Las elecciones legislativas marcaron un nuevo mapa político, tiraron por el suelo la agenda que venía marcando el oficialismo, y configuraron un nuevo Congreso Nacional, al cuál siendo receptor de la nueva realidad política se ha cargado también de una nueva responsabilidad.
Por ello, la agenda no puede ser marcada por el gobierno nacional, su agenda fue derrotada el día 28, el primer acuerdo que debe existir es precisamente el de la agenda.
En segundo lugar no es la Casa Rosada ni ningún hotel lujoso de la capital argentina el ámbito del diálogo. El único ámbito posible es el Congreso Nacional, el cual debe ser lo que en realidad siempre debió haber sido, el lugar del debate nacional donde se marquen las grandes políticas de un proyecto de país.
Es desde allí donde debe nacer el diálogo, donde están los actores dotados del nuevo mandato popular, y desde donde deberá llamarse a los distintos representantes de la realidad nacional para que expresen sus opiniones, ideas y proyectos.
Permitir que sea el Sr. Aníbal Fernández quien comande el diálogo en la argentina es de entrada apostar por su fracaso. El gobierno no debe hacer que escucha, el gobierno debe ser parte del diálogo. Sino no habrá diálogo.
No podemos ser partícipes de un nuevo fracaso, ni entrar en el juego político kirchnerista. Debemos partir de la necesidad que el Gobierno Nacional demuestre en hechos y no en palabras que escuchó el mensaje de las urnas. Varias veces antes la Presidenta llamó al diálogo, para que saliera en los titulares, más no para que prospere. La última vez que lo hizo fue en la apertura del período de sesiones de este año, y en el mismo momento que lo hacía, el hoy Jefe de Gabinete Aníbal Fernández menoscababa a una dirigente de la oposición declarando que “no le llegaba el agua al tanque” (sic).
Deberán demostrar que pueden cambiar, no tenemos porqué creer que han cambiado.
La argentina necesita recuperar credibilidad, sin credibilidad, no habrá políticas que tengan éxito, no habrá nuevo Indec, ni Consejo de la Magistratura, ni mayor empleo, ni menor pobreza, ni mejor educación, ni mejorará la economía.
Creo que esa es nuestra tarea, dialogar para cambiar, para cambiar la argentina, y mejorar la calidad de vida de los argentinos. Para ello también debemos mejorar la calidad de la política y para ello, debemos empezar exigiendo el respeto necesario.
Nuestra responsabilidad es no fracasar, para que el diálogo sea lo que su acepción marca, es decir "una discusión o trato en busca de avenencia", y la avenencia es "conformidad o unión." Es entonces esa nuestra responsabilidad, dialogar en la búsqueda de la Unión. Nuestra responsabilidad es en definitiva la UNION de los ARGENTINOS. Para eso SÍ DEBEMOS DIALOGAR.
Oponerse per sé al diálogo implicaría una actitud de soberbia contraria a lo que venimos pregonando y a la necesidad de convivencia y normalidad que es una de las exigencias principales de la sociedad argentina. Pero aceptar el “diálogo” sin más puede implicar una nueva frustración y una baja aún mayor en la calidad de la política argentina.
Es necesario no rechazar el diálogo, tanto como actuar con prudencia y realizar las exigencias necesarias que marca la realidad que estamos viviendo y la falta de confianza del gobierno nacional.
En primer lugar debe establecerse entre quiénes será el diálogo, en segundo lugar sobre qué debe versar el diálogo y en tercer lugar dónde debe ser el ámbito para el diálogo, todo ello teniendo en cuenta el resultado de las elecciones, el nuevo mapa político que se ha configurado y las demandas de una sociedad que se manifestó a través del voto.
De la respuesta a estas cuestiones dependerá que el diálogo sea serio, racional y responsable, que nos coloque en la senda de la construcción de un proyecto nacional que nos dé nuevo impulso ante el bicentenario o que entremos en el juego de un gobierno en retirada, que quiere ganar tiempo y que en definitiva sólo desea recuperar aire para seguir manejándose de la misma forma arbitraria con que lo viene haciendo.
Lamentablemente los antecedentes no acompañan el llamado realizado, por ello es necesario establecer un marco adecuado.
No debemos olvidar que hay un nuevo mapa político y que quien hoy llama lo hace desde el llamado de atención que le realizó el electorado con un contundente voto no positivo a su gestión. También es verdad que esa misma sociedad no configuró a través de la expresión de su voluntad, una única fuerza mayoritaria o predominante, sino varias fuerzas políticas, algunas más importantes que otras por cierto, distribuyendo el poder de manera tal que es a través del consenso que deberá este país comenzar a tomar decisiones.
Y en este sentido la Unión Cívica Radical, y el frente panradical – socialista, tienen un rol ineludible que cumplir.
Nuestra fuerza política no debe asistir sin una postura clara sobre las preguntas que arriba nos hacíamos, sin el reconocimiento de ser la principal fuerza política del país. Si acaso de verdad queremos fortalecer el sistema de partidos de la argentina se debe empezar por respetar a los partidos políticos de la argentina. Y a decir verdad, por más que a muchos les cueste reconocerlo, y con el respeto que nos puedan merecer el resto de las fuerzas políticas, el panradicalismo y el socialismo, no son Pino Solanas, ni Sabatella ni siquiera el properonismo que ve reducida su representación a la Capital y la Provincia de Buenos Aires.
Si queremos respetar también el federalismo del que tanto se habla, debemos por comenzar respetando a las verdaderas fuerzas federales de la República.
Y esto no es soberbia ni mucho menos, es requerir el respeto necesario, pues el diálogo parte del respeto como condición necesaria para arribar a los acuerdos que aquel presupone.
En segundo lugar, se debe fijar de antemano la agenda de prioridades, pues la urgencia de la situación que vive nuestro país no admite agendas vacías o que se eternicen y mueran en el tiempo de tan extensas.
En tercer lugar el principal objetivo que debe tener es el de recuperar lo que más le falta a este gobierno, y que tanto está afectando a nuestro país, la credibilidad. Y para recuperar credibilidad es fundamental el lugar, el ámbito y los actores que participarán del diálogo.
Las elecciones legislativas marcaron un nuevo mapa político, tiraron por el suelo la agenda que venía marcando el oficialismo, y configuraron un nuevo Congreso Nacional, al cuál siendo receptor de la nueva realidad política se ha cargado también de una nueva responsabilidad.
Por ello, la agenda no puede ser marcada por el gobierno nacional, su agenda fue derrotada el día 28, el primer acuerdo que debe existir es precisamente el de la agenda.
En segundo lugar no es la Casa Rosada ni ningún hotel lujoso de la capital argentina el ámbito del diálogo. El único ámbito posible es el Congreso Nacional, el cual debe ser lo que en realidad siempre debió haber sido, el lugar del debate nacional donde se marquen las grandes políticas de un proyecto de país.
Es desde allí donde debe nacer el diálogo, donde están los actores dotados del nuevo mandato popular, y desde donde deberá llamarse a los distintos representantes de la realidad nacional para que expresen sus opiniones, ideas y proyectos.
Permitir que sea el Sr. Aníbal Fernández quien comande el diálogo en la argentina es de entrada apostar por su fracaso. El gobierno no debe hacer que escucha, el gobierno debe ser parte del diálogo. Sino no habrá diálogo.
No podemos ser partícipes de un nuevo fracaso, ni entrar en el juego político kirchnerista. Debemos partir de la necesidad que el Gobierno Nacional demuestre en hechos y no en palabras que escuchó el mensaje de las urnas. Varias veces antes la Presidenta llamó al diálogo, para que saliera en los titulares, más no para que prospere. La última vez que lo hizo fue en la apertura del período de sesiones de este año, y en el mismo momento que lo hacía, el hoy Jefe de Gabinete Aníbal Fernández menoscababa a una dirigente de la oposición declarando que “no le llegaba el agua al tanque” (sic).
Deberán demostrar que pueden cambiar, no tenemos porqué creer que han cambiado.
La argentina necesita recuperar credibilidad, sin credibilidad, no habrá políticas que tengan éxito, no habrá nuevo Indec, ni Consejo de la Magistratura, ni mayor empleo, ni menor pobreza, ni mejor educación, ni mejorará la economía.
Creo que esa es nuestra tarea, dialogar para cambiar, para cambiar la argentina, y mejorar la calidad de vida de los argentinos. Para ello también debemos mejorar la calidad de la política y para ello, debemos empezar exigiendo el respeto necesario.
Nuestra responsabilidad es no fracasar, para que el diálogo sea lo que su acepción marca, es decir "una discusión o trato en busca de avenencia", y la avenencia es "conformidad o unión." Es entonces esa nuestra responsabilidad, dialogar en la búsqueda de la Unión. Nuestra responsabilidad es en definitiva la UNION de los ARGENTINOS. Para eso SÍ DEBEMOS DIALOGAR.


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